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From Carlos Pérez Soto
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Marx vivió en la época de esplendor del iluminismo científico, del optimismo tecnológico, de la cultura naturalista y realista, y sus relaciones con todo este conjunto ideológico son contradictorias y complejas. Admira a Darwin, y lo critica. Admira el humanismo de Feuerbach, y le parece superficial. Admira los grandes avances de la ciencia, y razona de una manera sustancialmente más compleja, y más política, que la ciencia natural e, incluso, que la ciencia social que le es contemporánea. Desprecia profundamente lo que considera la superficialidad de Stuart Mill, desconfía abiertamente del darwinismo, o del realismo objetivista. Los marxistas, sin embargo, teniendo perfectamente a la mano las revoluciones expresionista, surrealista, cubista, dadá, etc., tienen una relación fundamentalmente más simple, y sumisa, respecto del conjunto ideológico del siglo XIX. Prácticamente toda la tradición marxista, ya sea kautskista, leninista y, muchas veces, incluso el consejismo, se afirma en el realismo científico, por mucho que lo flexibilice. Comparte un naturalismo con pocos matices, que pone a la historia humana como prolongación de la naturaleza, que cree en la existencia de leyes que abarcan al conjunto de la historia de manera necesaria y teleológica, cuestiones que difícilmente pueden encontrarse en la obra del mismo Marx. (Salvo que creamos la tesis, muy frecuente entre los marxistas clásicos, de que Engels poseía poderes telepáticos especiales que le permitían, a pesar de las dudas de Marx, interpretar, descubrir, y poner por escrito sus verdaderos pensamientos).