CPB::I. ¿Qué puede ser hoy un marxismo ortodoxo::2. Marx, los marxistas, nosotros::b. Los marxistas y nosotros::04

From Carlos Pérez Soto
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El marxismo clásico se desarrolló en un sistema de producción cuya capacidad tecnológica básica era producir enormes cantidades de productos iguales, lo que se traducía en una tendencia a la homogeneización general, a la centralización de todo el poder en un sólo poder que planifica y manda de manera centralizada, y se expresaba también en un patrón común de normalidad conductual, intolerante ante la diferencia, que promovía de manera represiva la adaptación a un sólo tipo de mundo, a una sola clase de vida. Nosotros vivimos en un mundo en que la producción altamente tecnológica tiene la capacidad de producir de manera diversificada, y dominar en esa diversificación. Un mundo en que la gestión del poder no requiere de todo el poder para mantener su situación hegemónica, y reparte de hecho importantes cuotas, que puede dominar en un segundo orden, manteniendo un diferencial de poder sobre los poderes repartidos y atomizados. Un mundo en que la "normalidad" clásica se ha desagregado en una infinidad de "normalidades" particulares, configuradas como series, o combinatorias de características puntuales, y en que los poderes dominantes tienen la capacidad tecnológica suficiente como para interactuar con esos particulares, dominarlos en su diversidad, e incluso proporcionarles diversidad ilusoria de manera interactiva y reconocedora. Un mundo con muchas formas de vida posibles, muchos mundos aparentes, en el mismo mundo. Un mundo que puede reprimir, y mantener el estado de cosas imperante, a través de la tolerancia, promoviendo la tolerancia en el orden inmediato de la vida, aunque la niegue en el segundo orden desde el cual domina.